En pocas palabras

“Ser discípulo de alguien es siempre un desastre”

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José Manuel Broto. Leyre Ruiz

José Manuel Broto nació hace 68 años en la ciudad de Zaragoza. Su inquietud por la pintura comenzó a hacerse patente ya en su infancia, pues el ambiente en su hogar era el propicio para ello. Tras formarse en Barcelona y París ahora vive en Mallorca, donde continúa con su producción; la misma que le ha llevado a ser uno de los pintores abstractos más importantes del país. El año pasado recibió el Premio José Antonio Labordeta como reconocimiento de su larga y fructífera trayectoria.

-¿Cómo empezaste en el mundo de la pintura?

Recuerdo que mis padres pintaban, se conocieron en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza. En casa siempre había cajas de pinturas, acuarelas y por eso estuve, desde muy niño, familiarizado con los colores. Era una verdadera pasión y seguí, y aquí estoy. Solo pasé un año en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza, después tenía que haber ido a Bellas Artes, pero me di cuenta de que en aquella época los estudios de bellas artes estaban en aquel momento muy retrasados y a mí lo que más me interesaba eran las cosas que se estaban haciendo en el arte contemporáneo. Afortunadamente tenía un amigo librero que tenía toda suerte de revistas francesas, americanas y me interesó eso más que ser un pintor clásico.

-¿Pasaste por la etapa clásica de los retratos, los bodegones…?

Claro, cuando era muy joven sí. Pintaba bodegones, retratos, paisajes… Pero poco tiempo.

-¿Crees que ahora las Escuelas de Arte sí que reflejan la realidad del arte?

Sí, yo creo que están muchísimo más conectadas con el mundo real y con el del arte contemporáneo. Sobre todo a lo que concierne a las nuevas técnicas y los nuevos instrumentos que hay para trabajar.

He leído que también haces pintura digital…

Sí sí, suele ser más pictórico. No es tan tecnológico, sigue siendo artístico y es una herramienta que utilizo. Me parece interesante utilizar programas que están diseñados por ingenieros y enfocados a profesiones determinadas para encontrar otros caminos, desviar sus usos… Esto da sorpresas, es una cuestión un poco más azarosa.

-¿Y qué prefieres?

Hago las dos cosas, aunque ahora pinto más con la mano. Pero vamos, con los ordenadores también se pinta con la mano, ¿eh?

-Estuviste viviendo en Barcelona y en París, ¿qué te aportaron esas dos ciudades?

Lo de marcharnos a Barcelona fue porque en ese momento, después de haber hecho el Servicio Militar, decidimos que teníamos que marcharnos de Zaragoza, que en ese momento no era una ciudad con gran atractivo artístico. Nos pareció que Barcelona era  una ciudad más moderna, más libre y más conectada con Europa. Fueron unos años de formación o de deformación, nunca se sabe. Ahí conocí a Antoni Tàpies, del que me hice amigo. Después decidimos ir a París un par de años y estuvimos 20. La experiencia fue muy enriquecedora porque es una ciudad muy cultural. Ahí también hice varias exposiciones y conocí a mi galerista, Xippas.

-¿Crees que tu trayectoria hubiera sido la misma si te hubieras quedado en Zaragoza?, ¿te hubieras podido desarrollar igual como pintor?

En aquella época probablemente no. Ahora probablemente sí, porque la capacidad de información es prácticamente infinita, aunque vivas debajo de una cueva, si tienes conexión a internet sabes lo que se está haciendo en todo el mundo. De todas maneras, creo que salir del lugar en el que estas y ver otra gente, otras culturas y tradiciones es fundamental.

-¿Crees que desde que te fuiste, Zaragoza ha cambiado?

Todo el país ha cambiado muchísimo. No te puedes hacer una idea de lo que era esto hace 50 años y lo que es ahora. Hay un cambio enorme. Zaragoza era una ciudad muy provinciana y ahora es muchísimo más abierta. La juventud es mucho más dinámica y hay muchísimas más posibilidades para todo.

-Para mejor, ¿no?

Para mejor, si sí.

-¿Cómo ha ido evolucionando tu estilo con el tiempo?

Cuando era joven era muy minimalista, luego hice una pintura más colorista. Siempre digo lo mismo, pero yo creo que he pasado de la oscuridad a la luz, porque lo que me interesa ahora muchísimo son los colores. Una de mis últimas exposiciones en el Pablo Serrano se llamó ‘Color vivo’, precisamente porque el color para mí no es un relleno, ni algo decorativo, sino algo estructural. Los colores brillantes dan un punto de optimismo que no va mal viendo como está últimamente el mundo.

-¿Qué es el arte para ti?

Casi es como una respuesta política, cuando a todo el mundo le gusta resaltar los desastres, las guerras, las muertes… Eso le conviene más al periodismo que al arte. El arte debe ser una imagen que te active, que produzca una cierta emoción. Debe tener una función social y moral. Yo tengo una cosa muy clara, el mundo puede funcionar perfectamente sin arte, pero sería absolutamente aburrido.

-¿Quiénes han sido tus influencias a lo largo de tu carrera?

Me gustó mucho y me sigue gustando Antoni Tàpies. También Joan Miró. Son los que más me han gustado. Pero ser discípulo de alguien es siempre un desastre, no vas a ser nunca mejor que el maestro.

-¿Qué proceso productivo sigues con tus obras, desde que te surge la idea hasta que las das por finalizadas? Me parece muy difícil, sobre todo en el arte abstracto, decidir cuándo un cuadro está terminado.

Suelo empezar con alguna idea que ya tenga, suelo trabajar mucho con el iPad, dibujo ahí. Luego me pongo delante del cuadro, que suele ser grande, entonces empiezo a desarrollar la idea que tenía. El propio trabajo… a veces, si hay algún movimiento torpe eso puede ser reutilizado y se pone en funcionamiento. Lo que se dirigía en un sentido vuelve al otro lado. Es un proceso aleatorio. Para decidir cuando están terminados, los dejo reposar y generalmente, al cabo de 4 o 5 días veo que no hay que hacerles nada más.

-Me imagino que todos tus cuadros tienen un motivo, una razón de ser.

No, no necesariamente. Tienen una motivación general, la de crear imágenes. Mis cuadros no son representaciones de este mundo, quiero plantear imágenes que recreen otro mundo que no sea este. Ese sería el leitmotiv de mi trabajo.

-Habrás oído muchas veces lo de: “Eso lo pinta un niño de cinco años”

 Muchas veces.

-¿Cómo habría que educar a la sociedad para qué vieran con los mismos ojos un cuadro abstracto que uno realista?

Es un problema de tradición cultural, pero no pasa nada. La pintura absracta es tan difícil como la figurativa.

-¿El arte abstracto está mejor valorado en otros países?

No, yo creo que es igual en todos lados. El arte abstracto es un estilo más. Hubo un momento en el que era la última moda, pero ahora ya no.

-¿Cuál es la clave para vivir del arte?

Vender los cuadros (risas). Es complicado, se puede dar el caso de que un pintor haga unos cuadros extraordinarios y no venda ninguno. Eso le paso a Van Gogh, por ejemplo. O que un pintor que haga cuadros poco interesantes los venda todos.

-¿Es el mundo del arte un mundo para hombres? Los grandes nombres que han sobresalido, al menos para el público general, corresponden a hombres.

Es una cuestión cultural. En la sociedad las mujeres han estado siempre relegadas a un segundo plano. Hasta hace poco había muy pocas novelistas mujeres, pero eso ahora ha cambiado o está cambiando, afortunadamente.

-¿Qué proyectos entre manos tienes en la actualidad?

Una exposición pendiente en Madrid. Después, una que tengo en Montevideo van a llevarla a Punta del Este y otra a Buenos Aires. Y sigo pintando todos los días.

 

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