Grandes historias

“Al cerrar los ojos me quedo ciego”

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Imagine que no puede imaginar. Imagine que el resto del mundo tampoco puede. Imagine ahora que descubre de repente que eso no es así, que usted no puede pero todos los demás sí. ¿Cómo se sentiría? Pues bien, esta es la historia de Fergus Reig, un ingeniero informático de Tudela afincado en Zaragoza que nunca ha tenido la capacidad para imaginar, esta es la historia de un afantástico.

Le conocimos a través de una entrevista que le realizó El Mundo y en seguida supimos que teníamos que hablar con él. Queríamos que su testimonio formara parte de Gran Humano. Fergus (31 años) nació en Tudela y vivió en Alicante hasta que comenzó en Zaragoza sus estudios de ingeniería informática. Y aunque los ordenadores son instrumentos que él maneja día a día, no puede imaginárselos. Está casado, pero no puede imaginarse el rostro de su mujer. Hace poco viajó con ella hasta Japón, y aunque recuerda que su estancia allí fue muy feliz, es incapaz de reproducir esas alegres escenas en su cabeza.

Y él pensaba que todo el mundo era así, hasta que hace escasamente dos años leyó un artículo que cambió su vida. “Leí en Menéame una noticia sobre el tema y entonces fue cuando me di cuenta. Nunca había reflexionado como para darme cuenta por mí mismo, no es que no supiese como pensaba yo, es que no sabía cómo pensaban los demás”, explica Reig.

El artículo que dio luz a su extraña condición era un escrito de Adam Zeman, neurólogo de la Universidad de Exter (Reino Unido). En él describía a personas como Fergus, que carecían de la capacidad de imaginar o crear imágenes mentales en sus cabezas. Y aunque tradicionalmente esta condición se había asociado siempre a trastornos psicológicos graves o traumatismos, Fergus descubrió a través de la red que no estaba solo.

Entre infusiones y refrescos, Reig va desgranándonos en la cafetería Momo todo lo que implica ser afantástico o como él dice, “ciego por dentro”. La primera pregunta es obvia.

-¿Cómo has llegado hasta aquí?

– Con el GPS. Mucha gente sabe hacia dónde va y tiene un mapa mental. Yo voy mirando y si reconozco sitios sé que voy bien; si no reconozco nada es que me he perdido. Una de las cosas más bruscas es cuando te encuentras con alguien por la calle y te dice “gira a la izquierda o gira a la derecha”, yo eso no lo puedo entender si no estoy mirando hacia allí en ese momento, no puedo hacer esa abstracción, y no entendía por qué no podía.

-Entonces, ¿antes que significaba el verbo imaginar para ti?

-Pensar en algo con las palabras. El imaginar original sí que es visual, el imaginar cómo hablamos nosotros sí que es más amplio.

Le pedimos también que nos defina lo que él entiende por afantasía: “Por lo que sé, la mayoría de la gente puede imaginar o recordar cosas que ha visto, olores, música… Y yo lo que puedo recordar o pensar todo el rato es una voz a la misma velocidad. Al cerrar los ojos me quedo ciego”.

“No poder recordar la sensación que te produce una persona me parece muy grave”

La afantasía admite distintos grados. Blake Ross, un programador de Firefox y de Facebook –que dio a conocer su historia a través de una nota en esta red social- también la sufre, pero de un modo mucho más intenso que Fergus. “Las dos principales diferencias entre él y yo son que él no sueña; yo sí, y que él no puede ni siquiera imaginar ni recordar sentimientos; pero yo eso sí que puedo. Puedo recordar que estuve feliz en un sitio, aunque no recuerde como era el lugar. No poder recordar la sensación que te produce una persona me parece muy grave”. Como ejemplo, cita a sus padres ya fallecidos. “Yo siempre había escuchado a mucha gente decir, ¡ya no recuerdo como era la cara de mi madre!, yo tampoco, pero por lo menos me queda la sensación de que los quiero y que era feliz cuando los veía”.

El hecho de que estas dos personas, Ross y Reig, sean afantásticos y ambos se dediquen al mundo de la informática no es casual. O al menos de eso está convencido Reig, que actualmente trabaja como ayudante técnico en el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), en el Instituto Pirenaico de Ecología. “Creo que en mi profesión hay más gente con problemas para imaginar que en otras. Muchas veces trabajando le intento explicar a la gente cómo va algo y creo que no lo entienden porque intentan imaginarlo, y hay muchos problemas de programación y cosas así que no te los puedes imaginar, que son demasiado abstractos”.

img_0168Imagen de un momento de la entrevista. Andrea Pérez

-¿Por qué decidiste dedicarte al mundo de la informática?

-No me veía dotado para ninguna otra cosa, no sé si era por esto –su afantasía- o por otros motivos.

-¿Qué sentiste cuando te viste reflejado en este artículo?

– Hice lo mismo que supongo que hizo la gente como yo. Llamé a mis familiares y amigos y les pregunté si a ellos también les pasaba. Al principio no entienden la pregunta. Una vez que lo sabes piensas en toda tu vida y atas cabos, cosas que hasta ese momento no habías entendido. Es la revelación más importante sobre mí que pueda recordar. Algunas personas le dan mucha importancia y otros no. Yo creo que las personas que más imaginan son las que más importancia le dan. Tengo amigos que son artistas y me dicen “yo no podría vivir así, qué vida más triste”. Ha habido de todo. Sobre todo preguntas.

-Claro, tú condición está muy relacionada con la creatividad

-Yo podría escribir un libro con descripciones raras pero pintar no. El chico de Facebook es guionista y comenta que él hace descripciones pero muy vagas. Yo puedo pensar una historia en mi cabeza, escuchando las palabras la voy contando pero no puedo darle un cuerpo. Como no estoy en la cabeza de los demás no sé cómo lo hacéis.

Puede resultar sorprendente y extraño que nadie detectara en Fergus este problema de manera más temprana o incluso en el colegio. Sin embargo, es muy difícil comprobar que alguien es incapaz de imaginar –tal y como lo entendemos nosotros- sin exámenes más exhaustivos. Fergus ha llevado siempre una vida normal, haciendo todo lo que los demás hacían, aunque fuera regular. “Recuerdo que cuando dí en la ESO Geografía e Historia, sacaba nueves y dieces en los exámenes de historia, pero en los de colocar los países y los ríos en los mapas saqué un cero en todos, y me esforcé muchísimo”, nos cuenta Reig. “Es complicado detectarlo, porque no es como una cosa que haces mal, es como una cosa que ni siquiera haces. No es como si descubres que alguien corre mucho, es como si descubres que alguien vuela. No entra en tu cabeza”, asegura.

-¿Dificulta la afantasía el aprendizaje de los idiomas?

-Desde luego para los idiomas sí que he tenido siempre muchos problemas graves, porque para mí la única forma de memorizar algo es repetir la palabra muchas veces. Y sí se escribe y se lee diferente…

Dibujar tampoco era para él nada sencillo al carecer de imágenes mentales, pero que las dotes artísticas no fueran su punto fuerte no hacía sospechar a nadie –ni a él mismo- que fuera afantástico. “Dibujo muy mal, pero claro, también hay gente que imagina y dibuja mal. Dibujo una línea y luego creo que la otra va por aquí, pero no tengo una abstracción previa.” Y es que la afantasía le afecta en las acciones más cotidianas de la vida.

“Lo de contar ovejas para dormir, para mí simplemente era contar muy rápido”

El de Tudela cuenta con un blog en el que, entre otras cosas, recopila alguna de las situaciones en las que la afantasía hace de las suyas. “Un día fui a yoga y me dijeron: ‘imagina el mar’. Y cerró todo el mundo los ojos, yo los abrí, miré a los demás y me dije, ¿qué estarán haciendo? O lo de contar ovejas para dormir, para mí era simplemente contar muy rápido. Nunca hubiese pensado que los demás se las imaginaban”.

-¿Y qué haces para recordar por ejemplo el día de tu boda o unas vacaciones, como las de tu reciente viaje a Japón?

-No recuerdo ninguna imagen del viaje. Yo sí que recuerdo las cosas que me han pasado. Memoria tenemos todos los afantásticos, pero al no tener recuerdos visuales, algunos pierden un poco la conciencia de las cosas que han ido haciendo.

-¿Utilizas las fotos como apoyo para recordar?

-Para mí son fundamentales. Más vale una imagen que mil palabras. También me gusta más el cine que leer. La gente, cuando ve la película, dice que se lo imaginaba de otra forma, yo no. Leo pero las descripciones no me son muy útiles.

Y para cumplir con lo de “unos tanto y otros tan poco” o como si se tratara del destino, que quiso compensar las carencias de Reig en esta materia, su esposa es hiperfantástica. Es decir, tiene una imaginación desbordante.

“A raíz de ver la noticia hicimos los test que Zeman tiene en su página web (los hizo para ayudar a Zeman en sus investigaciones). Son test de niveles, en mi caso como no puedo imaginar nada me quedo en el primero, en el caso de la hiperfantasía es un poco más complicado, porque va subiendo la dificultad de lo que tienes que imaginar. Mi mujer quedaba bastante por encima de la media”.

La conoció antes de saber que era afantástico. A raíz de enterarse Fergus de su condición, cada vez que hacen algo juntos intercambian sensaciones sobre cómo interpretan o recuerdan las cosas. “Mi mujer nunca hubiera imaginado que yo no podía imaginar. Y yo nunca hubiera pensado que ella sí que podía”.

Nos llama la atención de que acuda a la cita con un cómic –que hace las veces de carpeta, pues lleva dentro varios folios con datos y documentación- de un conocido youtuber.

img_0171Fergus Reig sosteniendo un cómic del youtuber Loulogio. Andrea Pérez

-¿Sueles leer más cómics que otro tipo de libros?

-Sí, me gustan más. Mi mujer se imagina los espacios entre las viñetas, ella lo rellena con cosas que se inventa. Hemos visto el cómic de una película y dice “eso no es así” y es que se lo ha inventado.

“Es una diferencia que a veces te puede venir bien, pero no es una ventaja”

Nos habla de su condición de manera natural y esto nos lleva a preguntarle si ve en ella alguna ventaja con respecto al resto de los seres que sí que imaginan. “Hay gente con la que hablado después que sus problemas parece que vienen de que tienen una imaginación brutal y no la pueden controlar. Todo el rato se imagina algo y no puede controlar la imaginación visual, u otros a los que les da miedo algo y se lo imagina continuamente. En ese sentido yo estoy a salvo”, comenta Reig, que se esfuerza en hacernos entender cómo funciona su cabeza. “Todo tiene pequeñas ventajas pero supongo que tiene más desventajas. No suelo echar de menos los sitios y ni a la gente. Ha muerto gente de mi familia y tengo datos empíricos de ellos pero no puedo decir ‘¡qué pena, recuerdo su voz, su cara o cómo estaba la habitación!’. Mis padres fallecieron y la gente dice que lo he superado muy bien pero yo creo que está relacionado con todo esto, no lo veo como una ventaja, es una diferencia que creo que a veces te puede venir bien, pero no es una ventaja”, sentencia el informático.

-Nosotras nos intentamos meter en tu cabeza, pero es raro…

-Ya, yo tampoco puedo meterme en la vuestra. Igual de repente puedo imaginar y me vuelvo loco.

Uno de los mayores problemas que existe con la afantasía es el desconocimiento. Por ello, quienes la sufren tratan de darle visibilidad mediante blogs o entrevistas con los medios. Sin embargo, todavía se sabe muy poco sobre sus orígenes y sobre todo, sobre sus posibles soluciones.

¿Tiene algún componente genético? Si algún día tuvieras hijos, ¿podrían tener la misma condición que tú?

No se sabe, pero es otra cosa que pregunta mucho la gente. Mis padres han fallecido y mis abuelos también, entonces no les puedo preguntar, pero otras personas sí que han preguntado y algunos de sus familiares sí que parecían tener el mismo problema, pero no tengo datos suficientes.

¿Te han dicho si en algún momento podrás imaginar?

No se sabe nada, creo que es un tema interesante para tratarlo, pero no…

¿Por qué no se ha hecho antes?

-Es que no se conocía, todo esto ha sido por casualidad. Adam Zeman hace un estudio sobre un hombre que perdió la capacidad en una operación y publica un artículo en una revista científica. Entonces un montón de gente escribe contando que a ellos ya les pasaba desde siempre. Por eso es reciente, no se lo esperaban, lo descubren por casualidad. Veinte personas o más escriben y dicen: “es que yo nunca he podido, ¿los demás pueden?”.

¿Te gustaría que se investigara más?

-Sí, por ejemplo, en las escuelas sería interesante que los profesores te pudieran orientar si te pasa. Porque yo nunca sentí que me comprendieran, aunque tampoco sabía de dónde venían mis problemas. Solo con saberlo, ya ayudaría bastante.

Pese a que no puede imaginarse en el futuro, aunque sí que tiene claro lo que le gustaría estar haciendo, no descartaría escribir un libro con sus experiencias, aunque “solo si fuese interesante”. “La página web de la Wikipedia la he escrito yo, bueno la he traducido del inglés. Me he tomado una cierta molestia en hacer un par de cosas”, comenta Reig con modestia.

Tampoco hubiera cambiado su vida por completo por una en la que hubiera podido imaginar, aunque está dispuesto a colaborar con la ciencia para seguir investigando sobre la afantasía. “Estaría bien. La verdad es que cuando descubrí que no podía y que los demás sí, mi primera reacción fue pensar que me gustaría, porque siempre has pensado que eras normal. Tampoco cambiaría mi vida, pero si tuviese la oportunidad de participar en algún experimento que me pudiera ayudar supongo que lo haría”, apunta Reig, que asegura para concluir que “la reflexión es que muchas veces no te entiendes con alguien porque igual ni siquiera entiende el mundo de forma parecida. Mi percepción del mundo es distinta a la de mucha gente. Cuando hablas con alguien piensas que imagina el mundo como tú, pero es distinto”.

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