Grandes historias

“Pensé en sus dos hijos de 12 y 15 años esperando a su padre y a su madre. Ese día no llegaron”

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Rafael emocionado durante la entrevista. Foto: Almudena Pascual

El destino lo puso delante de mí y el vivir en el mismo barrio y compartir coche me permitió conocerlo. En los primeros viajes, me encontré con un Rafa callado, bromista y atento, pero kilómetro a kilómetro se iba rompiendo el hielo y los temas dejaban de ser triviales para convertirse en personales. Hasta que una tarde, en uno de esos viajes, se quebró un iceberg y escuché: “Yo trabajaba en la piro”. En ese momento la radio dejó de sonar, las ruedas de rodar y recordé la noticia. Sabía que tenía una historia delante de mí digna de ser mi primera entrevista en Gran Humano.

Hacía ya un par de meses que no hablaba con él y decidí quedar en un bar del Actur. La elección no fue la mejor por el ambiente, pero eso no impidió que aquel hombre canoso, de aspecto duro y voz firme se quebrara en algún tramo de la entrevista al recordar lo ocurrido ese día.

El 31 de agosto de 2015 transcurría como cualquier día normal para Rafa. Se despertó muy temprano y con la furgoneta de la empresa recogió a un compañero en el pabellón Siglo XXI y a cuatro personas en Casetas hasta llegar a Garrapinillos,  donde fabricaban fuegos artificiales para Pirotecnia Zaragozana, ese día el que ejercía de conductor había salido a quemar (encender una traca) y Rafa era quien conducía.

Lo recuerda como un día normal trabajando en la pólvora hasta que dejó de ser normal. Sobre las 14:30, cuando estaba recogiendo para volver a casa, escuchó una explosión como nunca había oído. “Normalmente cuando oías una explosión, solías correr hacia la explosión para ver qué era lo que había pasado. Aquel día no sé por qué yo salí, miré a izquierda y derecha, a derecha estaba la explosión y yo corrí a la izquierda, no sé por qué. Llegué al vallado creyendo que aquello había terminado, porque lo normal era que hubiera una explosión y terminara ahí. Pero, para mi sorpresa, cuando estoy esperando a ver qué pasa y pensando si volver o no, oigo otra explosión.  Salí corriendo, pegado al perímetro para escapar”.  Confiesa que le sorprendió que al llegar vio que el 90 % de los garitos de montaje estaban en ruinas: “no quedaba nada, había humo en todas partes, algo anormal que no había visto nunca”.

“Lo de pirotecnia fue una desgracia muy grande, pero a mí ese tiempo me vino bien para poder estar el último mes y medio con mi padre”

Al bajar se encuentra con el encargado, al que le confiesa “estoy jodidamente cansado y jodidamente acojonado”. Ve una furgoneta con un herido en el maletero y escucha a un compañero preguntar que quién se llevaba a su hijo “Yo veía la puerta del conductor abierta y me pregunté quién había bajado esa furgoneta, no entendía nada. Le digo que suba, ya que el padre no tenía carnet de conducir, subimos a la furgoneta y salimos pitando. Pasamos Puente Clavería. Al llegar al cruce de la cantera les dije a los de una ambulancia que atendieran al chaval y abrí el maletero. En ese cruce veía 3 o 4 camiones de bomberos porque la curva me impedía ver más, pero había una persona hablando con uno de los camiones, me acerqué y pregunté cuál era el problema, a lo que me responden que no sabían ir a la pirotecnia. Les dije que me siguieran, en el transcurso miré por el retrovisor y vi todos esos camiones que antes no podía ver.  Me tocó guiarlos y volver a pirotecnia donde no tenía ninguna intención de volver visto lo visto, pero tampoco lo piensas. Tenía que ayudar a los bomberos y lo más rápido era guiarlos, porque era un camino difícil que yo conocía. Allí ya vi las ambulancias. No recuerdo mucho más. Me encontré con mi jefe y me dijo: “el hombre milagro”. Realmente salir vivo de la pólvora después de lo ocurrido fue algo milagroso”.

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Rafael Bibián durante la entrevista. Foto: Almudena Pascual

“Fui consciente de la magnitud del accidente cuando consigo llegar abajo, no era consciente de lo que había ocurrido. Me lo impedían los taludes. El color estaba a mi derecha y yo salgo hacia la izquierda. La judicial me preguntaba porque no había seguido el camino recto y les dije que escuchando lo que estaba escuchando lo último que se me ocurría era ir entre los taludes. Yo bajo pegado al vallado, lo más alejado y no brinqué la valla hacia la granja de cerdos porque me lo impedía el calzado de seguridad. Cuando llego y miro, digo: Caray, caray, ¿qué ha pasado aquí? Porque realmente veo el panorama, antes entendía que había pasado algo en el color pero no era consciente de la magnitud. No veo el color por los taludes, pero veo que el 90 % de los garitos de montaje estaban derruidos. Ahí me doy cuenta de lo que realmente ha pasado. En ese momento veo a la esposa de un amigo que se la llevan deprisa en un coche privado, ya que todavía no habían llegado las ambulancias. Minutos más tarde me encuentro con Montse que trabajaba en los garitos que habían volado, le dije que me alegraba de verla y le pregunté cómo se había salvado. Me confiesa que justo en ese momento había ido al baño”.

La ubicación de las diferentes secciones de la pirotecnia estaban de menor a mayor de peligrosidad desde la puerta de acceso a la empresa. La pólvora y el color eran las secciones más peligrosas y por eso se encontraban arriba, separadas del resto del recinto. Rafa trabajaba en la pólvora, por eso me resalta lo afortunado que fue: “milagrosamente estalla un almacén del color pero no afecta a la pólvora. Si afecta a la pólvora, a mí no me recogen ni con cucharita. A mí me daban por finiquitado”.

“Llegaron los bomberos y mandaron al perrito y el perrito se volvió para atrás, ellos tampoco entraron”

Al escuchar cómo vive su relato, le pregunto sobre los efectos que deja una experiencia tan dura como esta. Me dice que él no se puede ver a sí mismo pero la gente a su alrededor lo notaba distinto. En ese momento aparece Carlos en su relato: “La primera persona que fallece fue Carlos. Estaba donde ocurre el primer accidente que luego incide en el resto de la pirotecnia. Con él yo había trabajado 5 años codo con codo en el color. Era un trabajador excepcional, no lo digo ahora que ya no está, siempre lo dije. A los que fallecieron no los echábamos en falta porque no teníamos que ir a trabajar. Si tuviera que ir, hubiera pensado que no está Carlos ni los otros 5 porque han muerto. Si al otro día tuviera que haber cogido la furgoneta, seríamos 2.  Los otros 4 se quedaron allí. No tendría que haber parado en Casetas a recoger a nadie. Por más que  lo quiera olvidar, esto me acompañará toda la vida. Fue algo muy fuerte, me hace bien hablar, no se puede olvidar. Sigues haciendo tu vida pero…” y hace una pausa antes de continuar, tras emocionarse. “El accidente se llevó personas con las que había tratado 13 años, pero la mayoría llevaban toda la vida ahí”.

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Rafael Bibián. Foto: Almudena Pascual

Esas lágrimas en sus ojos me permitieron ver lo implicado que estaba en la entrevista y me di cuenta de que era el momento de lanzar las preguntas que rondaban en mi cabeza desde aquel día en el coche.

-¿Piensas que el accidente se pudo haber evitado?

-Lo duro es que no sabemos qué fue lo que realmente pasó, ni nosotros ni los técnicos. Yo trabajé 5 años en el color y no me lo explico. Carlos era muy cuidadoso y las medidas de prevención eran las adecuadas. El problema es no saber el porqué, si lo supiéramos podríamos poner remedio. He estado en ese almacén y se cómo trabajaba él, por eso no me lo explico. Ese es el gran problema: no saber.

-¿Cuáles son los protocolos de seguridad de este tipo de fábricas?

-Hay protocolos de actuación, pero cuando hay una explosión con la magnitud como la de ese día, con el perdón de la expresión, maricón el último. Una vez que llegué abajo no se me ocurre volver, pero no a mí, llegaron los bomberos y mandaron al perrito y el perrito se volvió para atrás, ellos tampoco entraron, el riesgo era evidente. Corre en dirección contraria y aléjate del peligro, lo demás es tontería.

-¿Habías tenido algún susto anteriormente?

-Había visto y sufrido otras explosiones, pero no te acostumbras. Un día estando en el color vi desaparecer un garito, quedar solamente el suelo y yo estaba dentro de una furgoneta a 6 metros de la explosión, ese día también me daban por finiquitado pero se ve que no estoy preparado yo para ir al cielo.

Estoy escribiendo mis experiencias para que mis hijos conozcan lo que ha hecho  su padre en esa empresa, que sepan que hubo otros accidentes en los que su padre estuvo involucrado.

-¿Crees que hay alguna razón por la que sigues vivo?

-Cuando vi a uno de las oficinas, me dijo: Rafa, no te lo tomes a mal pero no daba un duro por ti, cuando me dijeron dónde había comenzado la explosión pensé que no te volvería a ver. Todo el mundo me decía: ¡ay, cuánto me alegro de verte! y yo les decía el que me alegro de veros soy yo, pero doy las gracias a Dios porque estoy vivo de milagro. Todavía no es mi hora.

-¿Tú familia era consciente de dónde trabajabas?

-A mis hijos y a mi esposa no les comentaba cada accidente que ocurría para no asustarlos. Ellos sabían que yo era pirotécnico pero no eran conscientes de lo peligroso de mí día a día. Sabían qué hacía los fuegos tan chulos que tiran para el Pilar. Mi mujer sabía que era arriesgado, pero al ver el accidente fue cuando vieron que era realmente peligroso. Yo por eso estoy escribiendo, para que sepan donde trabajo su padre, donde mañana puede seguir trabajando y que sepan lo que realmente hay. Es muy bonito verlo, pero vi la traca final de las fiestas del Pilar y se me encogía el corazón, sabía que había personas que habían perdido la vida haciendo ese trabajo.

-¿Cómo fue el momento de comunicarles del accidente?

-Por cuestión de seguridad, yo nunca llevaba el móvil, pero aquel día venían mis hermanos que viven por medio mundo (somos 8)  porque mi padre estaba mal,  falleció un mes y medio después del accidente. El accidente fue el 31 de agosto, mi suegro fallece el 5 de octubre y mi padre el 18. Lo de pirotecnia fue una desgracia muy grande, pero a mí ese tiempo me vino bien para poder estar el último mes y medio con mi padre.

Por eso tenía el móvil en una mesa a mi izquierda. Si hubiera sido otro día, mi móvil estaría en la taquilla. En un momento de lucidez, cuando salí corriendo lo cogí para tranquilizar a mi familia. Mandé un WhatsApp al grupo de la familia, un escueto estoy bien. Con todos los mensajes de ese día por la llegada de mis hermanos nadie leyó mi mensaje. Mi mujer se enteró porque mi concuñado, que estaba en Huesca, escuchó por la radio y le avisó a su mujer para que llamara a la mía.

-¿Valoras más la vida después del accidente? ¿Ha cambiado tu forma de ver las cosas?

-Ahora quiero aprovechar más este tiempo extra que me han dado, los miércoles jugaba al fútbol y cuando entré a trabajar en Inditex era el día, junto a los fines de semana, que podía ver a mi familia. Me encanta jugar al fútbol pero era el día que tenía para cenar con mis hijos y  mi esposa. Este tiempo extra que tengo quiero aprovecharlo.

-¿Cómo ves tu vuelta a la pirotecnia?

-No me planteo el día que tenga que volver. Yo sigo perteneciendo a la plantilla pero estamos en un ERE. Es complicado… la noche anterior a que me tenga que reincorporar tengo que darle un beso a mi mujer y a mis hijos y decirles: hasta mañana, que voy a trabajar a la pirotecnia. No soy solo yo.

-¿Qué opinan de esto tus seres queridos?

-Mis hijos nunca hablan del accidente pero mi mujer me dijo: ¿cómo vas a volver allí? Me dice que no vuelva. Pero cuando llegue el día, si no tengo otra cosa tendré que volver porque sigo siendo parte de la plantilla. Si ella me dice que le va a dar algo, no iré.

-¿Qué pensarías si tus hijos se quisieran dedicar a esto?

-A pesar de que allí trabajaban muchas familias, yo no meto a mi familia ahí ni de broma. José Luís estaba fuera trabajando y se enteró de que su esposa, su hermano y su cuñada habían fallecido. Es muy fuerte. Miguel, que estuvo en la mañana conmigo recogiendo pólvora, perdió a su hermano y a sus dos cuñadas.

Hace años mi hijo mayor me dijo que quería trabajar en la pirotecnia y le dije que por encima de mi cadáver. El día del accidente fallece un matrimonio y una cuñada de ellos. No permitiría que nadie de mi familia trabaje allí.

-¿Qué imagen te marcó de ese día?

-Ese día se llevaron cinco fallecidos, pero Carlos estaba desaparecido. Apareció a 400 metros de la explosión. Él estaba en el foco de la explosión, ahora estará haciendo fuegos artificiales con San Pedro. Su mujer estuvo muy grave por el accidente pero por suerte está bien. Pensé en sus dos hijos de 12 y 15 años esperando a su padre y a su madre. Ese día no llegaron. Ese día perdieron a su padre pero se pudieron haber quedado sin papá y sin mamá.

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Un pensamiento en ““Pensé en sus dos hijos de 12 y 15 años esperando a su padre y a su madre. Ese día no llegaron”

  1. Sin palabras, con un nudo el la garganta y leyendo a ratos, porque las lágrimas me lo impiden………..Trabajé casi 30 años, éramos unos crios tod@s cuando comenzamos y sé muy bien que te recorre la piel cada vez que había una explosión, esto fué muy fuerte y horrible y compañer@s y amig@s que hoy son solo un recuerdo, horas y horas compartidas de risas, enfados y mucho cariño que se fué afianzando con el paso de los años…….mi día tampoco estaba allí pero si ha estado parte de mi vida, Un abrazo Rafa

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