En pocas palabras

“Ser hombre me ha beneficiado en muchos aspectos”

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A sus 29 años, Unai Garde lleva una década dedicándose al diseño de moda. Ahora vive en Marbella, donde comercializa su propia marca de vestidos de fiesta. Este oscense asegura que en el mundo de la moda todo está permitido y que es la calle la que marca las tendencias.

-Se puede afirmar que has cumplido el sueño de todos los diseñadores de tener su propia marca.

La verdad es que sí. No me arrepiento de nada de lo que he hecho en la vida, ni de aceptar cualquier trabajo que me haya podido salir. El haber llegado hasta aquí ha sido consecuencia haber pasado por distintos talleres y conocer a mucha gente.

 –El factor suerte también es importante, ¿no?

Si, también hay mucho de estar en el lugar preciso en el momento preciso.

-Casi llevas en tu apellido la vanguardia, por aquello de avant garde.

Sí… Mi padre me mataría porque no sé exactamente de donde viene. Si te vas a implicar mucho en la marca o va a haber mucha alma, llámala como tú te llamas.

“Ser hombre me ha beneficiado en muchos aspectos”

-¿Has tenido que oír muchas veces eso de que el diseño es cosa de mujeres?

Cuando estoy en el taller y entra una clienta nueva le choca un poco, pero creo que también me ha beneficiado en muchos aspectos por la idea popular de que los grandes modistos siempre han sido hombres.

-La moda es un poco como la pintura, porque todos los grandes pintores tienen distintas etapas y sus obras van evolucionando; de cuadros oscuros y académicos a realistas o abstractos, ¿en qué etapa artística te encuentras tú?

Cuando estudiaba tendía a ir a lo oscuro. Uno se va adaptando poco a poco, va conociendo al cliente y tiene que tener muy claro a qué segmento se dirige y conocer sus gustos.  Esto lleva a añadir color y estampados, que es el punto en el que me encuentro. Cuando pienso en un nuevo vestido digo, ¿y si de repente paso del color y puedo ser un poco más yo? Me cohíbo porque para vivir de esto a veces hay que ser muy comercial.

-Entones, la lucha interna está entre hacer lo que a uno le gusta o hacer lo que se va a vender, ¿no?

Sí. Hay que encontrar el equilibrio. Voy dirigido a un público de chavalas de 18 a 35 años. Estudio su poder adquisitivo, no puedo lanzar de repente un vestido que valga 500 euros. La línea joven está entre los 150 y 300 euros y la de madrina entre 300 y 400. Muchas veces antes de diseñar un vestido le pongo el precio.

-Entiendo que son para ocasiones especiales.

Uno juega mucho con eso. Son para bodas, cocktalis… y al fin y al cabo, por muy mal que lo estemos pasando llega una boda y todo es alegría, lo queremos pasar bien y nos da un poco igual todo.

 “Comprar ropa es una forma de querernos y enseñarnos”

-Ahora, parece que la moda más que estar en las pasarelas está en las calles, a vosotros los diseñadores, ¿os inspira ver tanta tendencia distinta y tanta mezcla o por el contrario tenéis la sensación de que ya está todo inventado?

Sí, sí… En vestidos está todo prácticamente hecho. Además estamos en un punto en el que tenemos un gran sentido de lo estético y queremos que todo el mundo nos vea bien. Comprar ropa es una forma de querernos y de enseñarnos. Suelo ir por la calle y fijarme en como van vestidas las mujeres, qué tipos de escotes llevan, qué tipo de faldas o cortes. Eso da ideas para mejorar y cambiar. Hay que fijarse en la calle; marca tendencia, ahí está tu público y tienes que aprender de él.

-Las redes sociales también cumplen ese papel. Todo el mundo expone lo que hace, compra o viste.

Antes, el mundo de la moda era para los entendidos, tenías que buscar en revistas específicas, ahora si abres Instagram… El otro día mi cuñada se pintó las uñas de morado porque se las vio a Paula Echevarría. A nivel de empresa, para las marcas de moda, poder lanzar las campañas a través de una red social es bestial, puedes llegar a muchísimo más público o contactar con él.

-¿Qué camino está siguiendo la moda? Parece que todo vuelve. Estamos asistiendo a un auge de lo vintage y la second hand.

La moda es muy cíclica, cada cierto tiempo volvemos a caer en lo mismo aportándole algo nuevo. El vestido de fiesta, por ejemplo, está volviendo a los años 20. A pie de calle el mundo vintage esta híper de moda, incluso el DIY (Do It Yourself) tiene una gran cabida. Lo vintage y la segunda mano tienen un punto chic, mola combinarlos con cosas muy modernas para crear contraste.

-Es una especie de liberación.

Yo creo que la moda se está democratizando muchísimo. Además, todo está permitido. Está muy bien ir por la calle y encontrar esa diversidad que la hace bonita. Aparte de farolas, parques y demás, somos nosotros quienes le damos color.

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