En pocas palabras

“A veces hasta las doce de la noche estábamos operando”

ripoll

Enrique Ripoll. D.A.

El oftalmólogo oscense Enrique Ripoll lleva años prestando sus servicios a la ONG Ilumináfrica, que cada año organiza expediciones a República Democrática de Chad para curar deficiencias visuales.

“Ojalá estuviéramos desbordados de voluntarios, desgraciadamente, cada vez hay menos gente comprometida, lo que se traduce en carencias de ópticos y oftalmólogos”, explica.

Ripoll cuenta que el número de expediciones depende de varias circunstancias como las condiciones geopolíticas o el personal disponible para llevarlas a cabo. Por ejemplo, en el año 2015 solo pudieron realizarse tres por el problema del ébola. Estas expediciones duran dos semanas y se realizan entre los meses de noviembre y febrero, cuando la temperatura es soportable. Se componen de dos oftalmólogos, una enfermera, un óptico-optometrista y un técnico.

“Cuando empezó la fundación, sólo había un oftalmólogo para todo el país, y la situación no ha mejorado, ya que ahora hay tres o cuatro”.

El oftalmólogo recuerda que durante su última experiencia estuvieron “totalmente desbordados, hasta el punto de que se acabaron las suturas y no podían operar más”. “A veces hasta las doce de la noche estábamos operando”, recuerda.

Chad es un país donde el problema de las cataratas es frecuente a causa de la gran insolación y radiación de rayos UVA. Por esta razón, encuentran gente que está “prácticamente ciega con treinta años”.

Para salvar esa gran necesidad, Ripoll explica que a veces han operado solo un ojo para poder intervenir a más gente.

“Hay que seleccionar de alguna manera, y hay gente que viene totalmente ciega y necesitan ayuda urgente. Para ellos somos como dioses, les salvamos la vista, que para ellos como para nosotros es la vida”.

Para su financiación, la fundación tiene una cuota de socios “adaptada a la capacidad de cada uno”. Además, se organizan actividades como teatros solidarios o pañoletas y cachirulos para recaudar fondos. Por otro lado, se organizan recogidas de gafas en los establecimientos que quieran colaborar. Posteriormente, se comprueba el estado y la graduación para decidir si cumplen los requisitos, lo que supone “un gran trabajo, aunque se agradece la colaboración de la gente”.

Ripoll combina esta ayuda con su participación en la asociación Kèmkár, que busca el apadrinamiento de niñas.

“La asociación Kèmkár nació con la idea de las Misionera catequistas de Jesús Crucificado, que se dieron cuenta de que para cambiar el país, se debe educar sobre todo a la mujer”, explica Ripoll. Para esto, se plantea que toda niña que quiera estudiar hasta la universidad pueda hacerlo mediante el apadrinamiento, cuyo coste es de veinte euros al año.

El oftalmólogo asegura que esta es “la única esperanza, porque las desigualdades y la cultura influyen muchísimo en el desarrollo”. De esta forma “las mujeres pueden decidir lo que quieren hacer y ayudar a que la semilla se extienda, cuando ahora son casi un elemento de trueque”.

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