Grandes humanos

“El día que no pueda viajar y no me pueda valer por mí misma me querré morir”

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Todos los viajes de esta periodista, Alicia Sornosa, tienen un factor común: la solidaridad. Solo le hizo falta salir un poco de su zona de confort para darse cuenta de lo mal repartido que está el mundo. En su visita a Ulán Bator pasó unos días con niños con la enfermedad de los huesos de Cristal. Junto a la Asociación La Otra Mirada y otros motoristas cargaron las motos de regalos “parecíamos los Reyes Magos”. “Una de las nenas me cogió la mano y no me la soltó en todo el día, pero es que yo tampoco quería irme”.



Alicia asegura que si eres buena persona el mundo te tratará bien y que si ayudas te ayudarán. Esto debió pensar el día que le robaron todo en Australia y una pareja de moteros australianos le auxiliaron. “Marlen y Steve me adoptaron durante tres días en su casa”, recuerda aún emocionada. “Sigo hablando con ellos por Facebook. Han pasado muchos años pero es gente que guardo en el corazón. En ese momento, Marlen fue mi madre.”



Me cito con Alicia cuando sale del Salón MotoMadrid y unos días antes de emprender su próxima aventura. Es difícil encontrar a los viajeros en un lugar fijo. A través de la pantalla, veo que en su habitación tiene un mapa del mundo que ocupa gran parte de la pared; imagino que lo mira antes de dormir y sueña con un lugar al que quiere ir, y meses después lo hace realidad.

Alicia Sornosa tiene 42 años y puede presumir de ser la primera española en dar la vuelta al mundo en moto. Aunque no era algo que se hubiera planteado “Yo siempre he pensado que si daba la vuelta al mundo lo haría en un velero” -asegura- “probablemente también lo haga”. Pero ahora se dedica en cuerpo y alma a recorrer el mundo y hacer de ello su trabajo.

Su afición por las motos comenzó a los 14 años cuando tuvo su propia Vespino y se dio cuenta de la libertad que sentía subida en ella. Sin embargo, su pasión por viajar no estuvo ligada a las dos ruedas desde el principio. “Antes de los viajes en moto yo ya había viajado con la mochila al hombro siempre que podía”, recuerda.

Nació en la capital de España, aunque no piensa que eso le influyera para querer descubrir mundo. La motorista afirma ser portadora del llamado “gen viajero”. “Creo que el ‘gen viajero’ va dentro de algunas personas. Dos de mis hermanas viven en un pueblo, muy a gusto y no tienen interés por ir más lejos. Ellas se han criado como yo en una ciudad. Pero a mi hermana María le ha tocado también el gen, ella se fue a estudiar un año a Estados Unidos y ahora vive en Inglaterra. Yo creo que depende más de la cabeza de uno mismo  y de la forma de ver el mundo que incluso de la educación. Nos han educado a todas igual y unas nos hemos movido más y otras menos”

Cuando era pequeña su madre decía que era una niña muy protestona y es que Alicia se ha quejado constantemente de las injusticias, nunca le han gustado las reglas y ha ido en contra de lo establecido.

ai-bynAlicia Sornosa. Vía www.aliciasornosa.com

-¿Qué es lo establecido para ti?

-Que en esta sociedad todas las mujeres se tienen que casar y tener hijos. Pues miren señores, no. Yo no me caso, no tengo hijos y me siento fenomenal.

-¿Nunca te lo has planteado?

-Casarme no. He tenido unas parejas maravillosas y hemos llegado a vivir juntos pero ya está. En cuanto a los niños, me encantan, tengo cinco sobrinos y cinco ahijados pero nunca me ha dado la vena maternal. Si alguna vez quiero tener hijos los adoptaré, creo que hay muchos niños en el mundo que necesitan padres.

Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, siempre tuvo claro que no quería trabajar en una redacción, con un puesto fijo, porque sentía que su vida era demasiado corta para “dársela a alguien”. “Una vez me ofrecieron dirigir una revista semanal y salí corriendo. Creo que es mucha responsabilidad, tienes que amar 100% lo que estás haciendo y sacrificar tu vida”

En una época donde se podían rechazar trabajos, Alicia decidió ser freelance. Admite que le gusta correr riesgos y aunque sabe que su sueldo no es fijo prefiere una vida libre y suya.

“Haberme ido sola es la mejor decisión que he tomado en mi vida”

En septiembre del año 2011 comenzó su gran aventura, “La vuelta al mundo” y no en 80 días. La madrileña estuvo un año y medio conociendo los cinco continentes junto a su inseparable compañera, su moto BMW a la que apoda “Descubierta”. Durante este tiempo recorrió 120.000 kilómetros, consumió 14.000 litros de gasolina y cambió de neumáticos en 7 ocasiones. Este episodio de su vida lo tiene en su muñeca izquierda en forma de tatuaje: su moto y La Tierra.

En su blog contó todo lo que le ocurrió en ese viaje. “Yo soy una persona muy despistada y quería tener mi experiencia escrita en un sitio, donde poder leerlo y no se perdiera ni borrara. Es como una pequeña memoria” Una pequeña memoria al alcance de todos, al igual que su Facebook donde  más de 30.000 personas siguen sus hazañas.

Los cuatro primeros meses del viaje recorrió África acompañada de otro motorista hasta que se dio cuenta de que no era la persona adecuada con quien compartir esa experiencia, y siguió sola. Pero antes tuvo que esperar a llegar a la India para continuar el camino por su cuenta. “Mi madre me dijo que esperara a estar en un lugar más civilizado para seguir yo sola. Tenía razón, así que aguanté”

-¿No te daba miedo seguir en solitario?

-Lo estaba pasando tan mal con esa persona que pensaba que peor no iba a poder ser aunque me fuera sola. Sí que tenía un poco de miedo porque yo no hablaba bien inglés, miedo a que me pasara algo con la moto…Pero todo fue muchísimo mejor cada día. Creo que haberme ido sola es la mejor decisión que he tomado en mi vida.

El asesinato de dos viajeras argentinas en Ecuador en febrero de este año despertó el miedo latente que tiene una parte de la sociedad. El hecho de ser mujer y viajar sola supone un peligro para muchas personas, algunas van más allá y afirman que dos mujeres viajando sin hombres también están solas.

-¿Qué piensas de estos asesinatos?

-Es una desgracia muy grande pero creo que fue un caso muy aislado. La realidad es que hay muchas mujeres viajando solas, o acompañadas de otras mujeres, y no las están matando.

-¿Has estado en Ecuador?

-Sí. Allí la gente me trató con mucho respeto. No sé qué les habría pasado pero desde luego tuvieron mala suerte. Mi experiencia personal es que me han cuidado mucho más por ser mujer, me han abierto muchas más puertas de casas y me han mimado más. Yo he viajado por todas partes y me he sentido muy segura.

Pese a esta seguridad de la que habla, Alicia es consciente de que una mujer viajando sola no es igual que un hombre. Utiliza su intuición como arma de defensa y en el momento que ve algo raro, una reacción de alguien o una forma de ser que no le cuadra se va. “No he dado opción a que me pasara nada”, explica. Hay una serie de precauciones que toma cuando viaja sin compañía: a las cinco de la tarde ya busca un lugar donde dormir, la moto la deja lo más escondida posible, no le dice a nadie donde dormirá ni en qué hotel (si es necesario hasta puede mentir y decir que está con unos amigos), no sale a beber sola y lo esencial, procura no decir que viaja sola.  El miedo, a veces, alcanza también a los valientes.

Al contrario de lo que muchos puedan pensar, el lugar donde más miedo sintió fue en una de las grandes potencias del mundo, Estados Unidos. “Saliendo de Chicago llevaba la cadena de la moto un poco floja y para atajar me metí por una zona industrial que resultó ser bastante fea. Tuve que parar en una gasolinera porque la cadena se salía. Cuando entré allí para decirle al gasolinero que me ayudara porque yo sola no podía, me encontré con un chico detrás de un cristal blindado que me dijo que no, que él no iba a salir de ahí y que estaba en un sitio muy peligroso, que me fuera cuanto antes. Entonces, yo dije: ¿dónde me he metido? No podía hacer nada, así que me quedé en la gasolinera y esperé a que parara alguien para pedirle ayuda. Casualmente, paró un señor que tenía herramientas y que me dijo lo mismo que el trabajador. Me ayudó a tensar la cadena y me acompañó hasta la carretera para que saliera rápido y no me perdiera. Ese señor para mí fue como un ángel que apareció de la nada. Es verdad que no me pasó nada pero el sitio no era muy bonito y si el de la gasolinera no quería salir por algo sería”

En ocasiones no es el miedo el que impide viajar a algunas mujeres, el pensamiento conservador y machista de algunos países lo imposibilita. Alicia no ha visitado ninguno de estos, pero sí otros como Qatar donde tuvo que ponerse la abaya (una túnica y un pañuelo negro) para entrar en los templos. “No tengo el más mínimo problema en taparme la cabeza si es una señal de respeto en esa civilización”, explica. Sin embargo, en Egipto fue ella misma la que decidió ponerse el pañuelo en la cabeza “para que no me dieran la lata”.

La motorista, como trotamundos que es, sabe que en algunas ocasiones hay que adaptarse  a culturas que no puedes comprender.

-¿Hay algo que no comprendas de ninguna manera?

– El burka. Creo que el burka es una cárcel. No es por respeto a una religión o cultura.

“Estoy segura de que si me llamara Pepe en vez de Alicia hubiera conseguido muchas más cosas”

En España el machismo se refleja de otras formas. Aunque la viajera, que se define como feminista, cree que ahora el machismo es más “sutil” porque no te mandan a fregar a la cocina. Lo cierto es que continua siendo una lacra que cada año mata a decenas de mujeres en nuestro país. El mundo del deporte es uno de los campos que siempre ha estado dominado por hombres y sigue así en su mayor parte. Alicia lo ha sufrido de primera mano cuando, en su búsqueda de patrocinadores las empresas la rechazaban “Estoy segura de que si me llamara Pepe en vez de Alicia hubiera conseguido muchas más cosas. Para determinadas cosas los hombres y las mujeres somos iguales. Para conducir una moto somos iguales y ¿cuántas pilotos hay en MotoGP? Ninguna”

A pesar de las condiciones impuestas por el hecho de ser mujer. Alicia ha conseguido patrocinadores y empresas que confían en su imagen y está consiguiendo su sueño: vivir de los viajes. Pero todos los trayectos tienen su final.

-¿Cómo es volver a casa después de estar viajando durante un año y medio?

-Además cuando volví de la vuelta al mundo no tenía casa, no tenía dónde volver, no tenía dinero, no tenía trabajo. Tuve que compartir casa con una tía abuela porque mis padres se habían ido al pueblo a vivir y ya no estaban en Madrid. En esa época me costó mucho volver, sentía que yo ya no estaba dentro de esa sociedad, que yo tenía otra vida y otra historia. Me sentía perdida. La gente sigue con su vida y su trabajo mientras que tú no sabes si te quieres ir o quedar. Al final te vuelves a adaptar, los seres humanos nos adaptamos a vivir encerrados y creemos que eso es la vida.

-¿Sientes lo mismo cada vez que vuelves?

-Ahora tengo la suerte de poder mantener una casita pequeña de alquiler, tengo mi guarida donde volver y facilita mi adaptación. Además, viajo menos tiempo y los viajes son más cortos.

Alicia Sornosa, un espíritu libre al que le encanta rodar sin casco por playas vacías en la India, que ha llorado de emoción viendo atardeceres en Ushuaia (Argentina) y ha comido desde saltamontes hasta semen de bacalao.

-¿Cuándo se acabarán tus viajes?

-Cuando mi cuerpo no pueda montar en una moto. El día que no pueda viajar, tenga que estar encerrada en un sitio y no me pueda valer por mí misma, probablemente, me querré morir ya.

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